Luis Rochín (Mazatlán,1970)

Hongo negro

30 de abril - 30 de mayo, 2026

Hace quinientos millones de años, antes que las plantas, antes que los animales, realmente, antes de cualquier forma de vida que reconozcamos como nuestra, los hongos dominaban el planeta. Solo que no evolucionaron para ser visibles, sino para ser eficaces. Lo que vemos aquí es, en cierta medida, una concesión a la mirada humana.

En Hongo negro, Luis Rochín propone un intercambio claro: él dispone las condiciones, pero el hongo decide. Las obras parten de lonas de algodón incubadas en contenedores cerrados y oscuros. En este ambiente, el hongo negro (zigomicetos) se propaga siguiendo sus propias lógicas de crecimiento. La pintura se configura así como un espacio de interacción entre decisiones materiales y comportamientos biológicos: una colaboración interespecie.

Fascinado por este espacio de entendimiento, el artista se adapta a lo que el hongo “quiere” y después interviene con acrílico y acuarela, en diálogo con lo ya trazado por la actividad fúngica. El resultado no es una representación de la naturaleza: es la naturaleza representándose. Las formas que recorren la tela son orgánicas, geométricas y expansivas; registran un sistema vivo, donde lo controlado y lo contingente coexisten. Como propone Stefano Mancuso en La nación de las plantas, los organismos no humanos no son el fondo sobre el que ocurre la historia, sino protagonistas de procesos que nos anteceden y nos exceden. El hongo no ilustra una idea, la produce.

Entrar en Hongo negro implica un cambio de escala. Lo que parece trazo es espora. Lo que parece patrón es colonia. Lo que parece obra terminada sigue siendo, en algún sentido, un organismo en expansión. Así, Rochín nos sitúa, frente a la naturaleza, en una condición conocida: la de observadores de un proceso que ocurre con o sin nuestra presencia.


Brigitte Bassil

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