Brenda Castro, Luis Carlos Hurtado, Luis Rochín
Incidentes melódicos del paisaje
Curaduría: Abraham Cruzvillegas
Agosto - octubre 2023
La correlación de la que hablaba Alexander von Humboldt, cuando inventó la infografía, en su observación del Chimborazo, entre cantidades de árboles, de agua, lluvias, agricultura, inundaciones, sequías, heladas y otros pronósticos del tiempo, desproporcionales e interrelacionados con la presencia humana, se precipita, sin metáforas, como el aguacero de la canción, interpretada de manera sublime por Lola Beltrán, oriunda de Rosario, en el estado de Sinaloa.
El Aguacero
(Tomás Méndez)
Se mira relampaguear,
el cielo está encapotado,
vaqueros, para el corral
arríen a todo el ganado.
La noche se viene encima,
procuren pronto llegar,
mañana en la madrugada
comenzamos a labrar.
¡Ay, ay, ay, ay, ay, ay, ay!,
bendito sea el cielo,
llorando te quiero
muchísimo más y más,
¡Ay,ay, ay, ay!,
esta noche mi tejado
tendrá un olorcito a jarro,
¡ay!, la lluvia me irá a arrullar.
Las primeras gotas fueron
las de un fuerte chaparrón
las que al caer en mi sombrero
alegran mi corazón.
¡Ay, lalala!, mi corazón.
La humedad urbana y costeña, con sus pajaritos y sus noches estrelladas, es retratada en la letra de la celebérrima canción del bardo yucateco Armando Manzanero, nostálgica del desamor y del cambio de estación, sin alusiones innecesarias y sin trigonometría que permita medir los metros cúbicos de las cuencas lacustres secas, de las nubes pasajeras, y de las lágrimas que se encharcan en medio de una turba que escapa del chaparrón.
Esta tarde vi llover
(Armando Manzanero)
Esta tarde vi llover, vi gente correr
Y no estabas tú
La otra noche vi brillar un lucero azul
Y no estabas tú
La otra tarde vi que un ave enamorada
Daba besos a su amor ilusionada
Y tú no estabas
Esta tarde vi llover, vi gente correr
Y no estabas tú
El otoño vi llegar, al mar oí cantar
Y no estabas tú
Yo no sé cuánto me quieres
Si me extrañas o me engañas
Solo sé que vi llover, vi gente correr
Y no estabas tú
Yo no sé cuánto me quieres
Si me extrañas o me engañas
Solo sé que vi llover, vi gente correr
Y no estabas tú
En algún momento, antes o después de la Pangea, evaporada y viajera, cristalizada u orinada, la misma agua conecta y juega un rol, no solo político y erótico, sino también desmadrosamente alquímico, como describe una tercera oda, ‘Mi agüita amarilla’ de la banda madrileña Los Toreros Muertos. ¿Cómo podríamos describir -de ninguna manera- lo que llamamos ‘paisaje’ sin la epopeya del agua? ¿Cómo se percibe, se habita y se representa desde lugares tan distintos como la playa mazatleca y el malecón donde se sentaba a refunfuñar -cuando no estaba en la cárcel- Juan de la Cabada?
Mi agüita amarilla
(Pablo Carbonell)
Y creo que he bebido más de 40 cervezas hoy
Y creo que tendré que expulsarlas fuera de mí
Y subo al váter que hay arriba en el bar
Y la empiezo a mear y me echo a reír
Sale de mí una agüita amarilla cálida y tibia
Y baja por una tubería
Pasa por debajo de tu casa
Pasa por debajo de tu familia
Pasa por debajo de tu lugar de trabajo
Mi agüita amarilla
Y llega a un río
La bebe el pastor
La beben las vaquitas
Riega los campos
Mi agüita amarilla
Y baja al mar
Juega con los pececillos
Juega con los calamares
Juega con las medusas
Y con las merluzas que tu te comes
Mi agüita amarilla
El sol calienta mi agüita amarilla
La pone a 100 grados
La manda para arriba, viaja por el cielo
Llega a tu ciudad y empieza a diluviar
Moja las calles, moja a tu padre
Tu madre lava la vajilla con mi agüita amarilla
Moja el patio del colegio
Moja el ayuntamiento
Mi agüita amarilla
Mi agüita amarilla
Y creo que he bebido más de 40 cervezas hoy
Y creo que tendré que expulsarlas fuera de mí
Y subo al váter que hay arriba en el bar
Y la empiezo a mear y me echo a reír
Y me pongo a pensar
¿Dónde irá, dónde irá, dónde irá, dónde irá?
Se esparcirá por el mundo
Pondrá verde la selva
Y lo que más me alegra es que mi agüita amarilla
Sea un líquido inmundo
Mi agüita amarilla
Entre la velocidad de la piedra y la de la pelota de béisbol, un doblete del sureste al golfo de Cortés, se registran innumerables densidades y escalas, las de la humanidad y las del mosquito vespertino, el chaquiste, el jején, el bobito y el jitomatito. La prolífica vegetación de los trópicos, con todo y su dengue, sus helechos, sus ficus, sus algodones salvajes y su micosis entre los dedos de los pies, de la mano del meteoro que perforó la tierra y la preñó de cenotes al tiempo que aniquiló a los gigantes depredadores, son nomás ejemplos dispares y simultáneos en sus prisas, en las nerviosas risas, y en las trizas en que la humanidad se convierte, por ínfima, al menos ante los inminentes cambios estacionales, cada vez menos predecibles en la curva estadística de la probabilidad, de la screwball.
Baseball Canto
(Lawrence Ferlinghetti)
Watching baseball, sitting in the sun, eating popcorn,
reading Ezra Pound,
and wishing that Juan Marichal would hit a hole right through the
Anglo-Saxon tradition in the first Canto
and demolish the barbarian invaders.
When the San Francisco Giants take the field
and everybody stands up for the National Anthem,
with some Irish tenor’s voice piped over the loudspeakers,
with all the players struck dead in their places
and the white umpires like Irish cops in their black suits and little
black caps pressed over their hearts,
Standing straight and still like at some funeral of a blarney bartender,
and all facing east,
as if expecting some Great White Hope or the Founding Fathers to
appear on the horizon like 1066 or 1776.
But Willie Mays appears instead,
in the bottom of the first,
and a roar goes up as he clouts the first one into the sun and takes
off, like a footrunner from Thebes.
The ball is lost in the sun and maidens wail after him
as he keeps running through the Anglo-Saxon epic.
And Tito Fuentes comes up looking like a bullfighter
in his tight pants and small pointy shoes.
And the right field bleechers go made with Chicanos and blacks
and Brooklyn beer-drinkers,
«Tito! Sock it to him, sweet Tito!»
And sweet Tito puts his foot in the bucket
and smacks one that don’t come back at all,
and flees around the bases
like he’s escaping from the United Fruit Company.
As the gringo dollar beats out the pound.
And sweet Tito beats it out like he’s beating out usury,
not to mention fascism and anti-semitism.
And Juan Marichal comes up,
and the Chicano bleechers go loco again,
as Juan belts the first ball out of sight,
and rounds first and keeps going
and rounds second and rounds third,
and keeps going and hits paydirt
to the roars of the grungy populace.
As some nut presses the backstage panic button
for the tape-recorded National Anthem again,
to save the situation.
But it don’t stop nobody this time,
in their revolution round the loaded white bases,
in this last of the great Anglo-Saxon epics,
in the territorio libre of Baseball.
Procurando inspirar profundo, sin dar respiro a distracción ninguna, blandiendo con ambas manos un bate tallado en la madera colorante del palo de Campeche, podríamos dibujar en el aire, a trescientos kilómetros por hora, una constelación de bolas y strikes -poquitos jonrones- en un diamante que se multiplica geométricamente, que lleguen hasta la Isla de La Piedra, a Bacalar, a las carretas patasaladas, a Calakmul, a los cauces del Humaya, del Tamazula a Ocomtún, del río Culiacán a Tzalankab… para devorar unos taquitos de chilexcatic, de chocolomo o de pibipollo, con su vasito de eltanchuacá. Para cachar la pelota a mano pelona y echar carrilla.
El sauce y la palma
(versión de Luis Pérez Meza)
El sauce y la palma se mecen con calma,
sus hojas se visten de un nácar azul,
hermoso sombrío del sauce y la palma,
alma de mi alma, ¡qué linda eres tú!
Qué largas se me hacen
las horas sin verte,
joven de mi alma, la dueña de mi amor,
porque eres un ángel bajado del cielo
que le das consuelo a mi pobre corazón,
¡Qué lindo es el sol! ¡Qué horrible la fiera!
Al romper el alba, la liebre es ligera,
qué dicha tan grande del hombre que espera
la fiel compañera, la dueña de su amor.
El sauce y la palma se mecen con calma,
sus hojas se visten de un nácar azul,
hermoso sombrío del sauce y la palma,
alma de mi alma, ¡qué linda eres tú!
La diatriba conjetural del lugar común, que alega acerca de la coyuntura entre cultura y natura, se atora en un humedal, en un manglar denso y espeso, donde se juntan el océano y el río, la cachucha, el jipijapa, la lancha y la panga, la tanga y la pachanga, rodeados de fronda traviesa que atraviesa nuestra mirada de maneras transversales y oblicuas, sin conclusiones, sino más bien con todas las posibles inclusiones e intuiciones.
Paisaje
(Gilda)
Yo soy Gilda
No debemos de pensar que todo es diferente
Mil momentos como este quedan en mi mente
No se piensa en el verano cuando cae la nieve
Deja que pase un momento y volveremos a querernos
Jamás la lógica del mundo nos ha dividido
Ni el futuro tan incierto nos ha preocupado
Una vez los dos dijimos «Hay que separarse»
Mas deshicimos las maletas antes de emprender el viaje
Tú, no podrás faltarme cuando falte todo a mi alrededor
Tú, aire que respiro en aquel paisaje donde vivo yo
Tú, tú me das la fuerza que se necesita para no marchar
Tú me das amor
Tú, no podrás faltarme cuando falte todo a mi alrededor
Tú, aire que respiro en aquel paisaje donde vivo yo
Tú, tú me das la fuerza que se necesita para no marchar
Tú me das amor
Jamás la lógica del mundo nos ha dividido
Ni el futuro tan incierto nos ha preocupado
Una vez los dos dijimos «Hay que separarse»
Mas deshicimos las maletas antes de emprender el viaje
Tú, no podrás faltarme cuando falte todo a mi alrededor
Tú, aire que respiro en aquel paisaje donde vivo yo
Tú, tú me das la fuerza que se necesita para no marchar
Tú me das amor
Tú, no podrás faltarme cuando falte todo a mi alrededor
Tú, aire que respiro en aquel paisaje donde vivo yo
Tú, tú me das la fuerza que se necesita para no marchar
Tú me das amor
Tú, no podrás faltarme cuando falte todo a mi alrededor
Tú, aire que respiro en aquel paisaje donde vivo yo
Tú, tú me das la fuerza que se necesita para no marchar
Tú me das amor
Como con el panpsiquismo, con el animismo y con el dadaísmo, se ha dudado mucho de aquél llamado Difusionismo, de la especulación sobre las conexiones transoceánicas entre las culturas del Pacífico, pero sin embargo hoy, y tal vez de la mano de Enrique de Malaca, lazarillo del lusitano, quisiera reivindicar el posible vínculo que quiere darle la vuelta al mundo, si fuera el caso pasando por la fueguina tierra del los selknam, nomás por el puritito gusto de conectar -con los lenguajes del arte, con el agua, con alimentos y con fermentos- los territorios que hoy conocemos como Sinaloa y la península de Yucatán. Pero también el Caribe y el Mediterráneo, Mogadiscio y Róterdam, Portobelo y Acapulco, Sydney y Disney, Bahía y Oporto, Aruba y Tokio, Ajaccio y La Habana, Yogyagkarta y Nueva Orleans, con todo y cocodrilos.
The landscape is changing
(Alan Wilder)
The landscape is crying
Thousands of acres of forest are dying
Carbon copies from the hills above the forest line
Acid streams are flowing ill across the countryside
‘Cause I don’t care if you’re going nowhere
Just take good care of the world
I don’t care if you’re going nowhere
Just take good care of the world
Now we’re re-arranging
There’s no use denying
Mountains and valleys, can’t you hear them sighing
Evolution, the solution or the certainty
Can you imagine this intrusion of their privacy
‘Cause I don’t care if you’re going nowhere
Just take good care of the world
I don’t care if you’re going nowhere
Just take good care of the world
Token gestures, some semblance of intelligence
Can we be blamed for the security of ignorance
‘Cause I don’t care if you’re going nowhere
Just take good care of the world
I don’t care if you’re going nowhere
Just take good care of the world
I don’t care if you’re going nowhere
Just take good care of the world
En esta exposición, tres artistas componen un triángulo que implica a otras tríadas que se entrecruzan, se frotan se untan, se empalman y se apelmazan en un lodazal que son -de tres en tres dimensiones y planos en el altiplano- preguntas de triple sentido, cada uno es un sistema, un representamen en la liturgia del paradigma occidental: el desvergamen en la posibilidad selvática del clima manifiesto en el olor de las axilas, de los cuerpos que todavía reclaman su sitio en la naturaleza -incluyendo la muerta- en el paisaje. En su destrucción, todo chuchul y agüitado
Nature mort
(José María Cano)
Avant le soleil
Ana et Miguel
Déjà s’enflamment
Elle sur lui, tels quels,
Homme, femme, pêle-mêle,
Font s’embraser les draps
Et l’océan qui est fou d’Ana
Détourne le regard
Car la jalousie n’épargne,
Ni le sel, ni les algues, ni même les vaques
Avec le soleil,
Déjà Miguel
Est sur sa barque,
-Embrasse-moi Amour
Et attend mon retour
Tranquille sur la plage-
L’océan murmure dans son langage:
-Misérable pêcheur!
Tu peux lui faire tes adieux,
Jamais plus je en partagerai son cœur!-
Et pleurer, et pleurer, et pleurer Miguel,
Et attendre, et attendre, et attendre fidèle
Sur le rivage qu’il revienne vers elle
On dit au village
Que cette roche
Blanche, c’est Ana
Recourverte de sel et de corail,
Elle l’attend sur la plage
-En l’attends plus triste fille de pierre,
Miguel ne viendra pas
L’océan le tient prisonnier,
Pour pouvoir seul te prendre dans ses bras-
Et pleurer, et pleurer, et pleurer Miguel,
Et attendre, et attendre, et attendre fidèle
Sur le rivage qu’il revienne vers elle
Il y a même des gens qui racontent
Que quend gronde la tempête,
C’est Miguel luttant à mort,
Qui fair bondir les vagues jusqu’au ciel
Et pleurer, et pleurer, et pleurer Miguel,
Et pleurer, et pleurer, et pleurer Miguel,
Et pleurer, et pleurer, sur la mer
Con sus obras diversas, que hoy encallan en la Banda Municipal, Brenda Castro, Luis Carlos Hurtado y Luis Rochín reconfiguran de maneras entrañables múltiples trayectos con sus miradas sobre el paisaje, como las de los piratas, corsarios, bucaneros y filibusteros, con brújula de chicle, pasando por archipiélagos, médanos, penínsulas, bahías y lenguas de agua, describiendo también derivas que implican los diversos horizontes que les afectan, que al final son uno solo y el mismo: el agua en todos sus estados de la república: gasiento, aguado, solidario y coloide, Pacífico en mano. Olorosas a hierba, a humedad, a sal, a chancletita, a ceviche, a guamuchilito, a pámpano, a chachalaca, a caguama, a cahuamanta y a guaranducha, con tambora, con su tuba, su clarinete y su tarola. El paisaje somos todxs, como el agua.
Como el agua
(José Sánchez Gómez Pecino)
Limpia va el agua del río
Como la estrella de la mañana
Limpio va el cariño mío
El manantial de tu fuente clara
Como el agua
Ay, como el agua
Como el agua
Como el agua clara
Que ha baja’ del monte
Y así quiero verte
De día y de noche
Ay, como el agua
Como el agua
Como el agua
Yo te eché mi brazo al hombro
Y un brillo de luz de luna
Iluminaba tus ojos
De ti deseo yo t’ito el calor
Pa’ ti mi cuerpo si lo quieres tú
Fuego en la sangre nos corre a los dos
Ay, como el agua
Ay, como el agua
Como el agua
Si tus ojillos fueran
Aceitunitas verdes
To’a la noche estaría muele, que muele
Muele que muele
To’a la noche estaría muele que muele
Muele que muele, muele que muele
Luz del alma mía, divina
Que a mí me alumbra mi corazón
Mi cuerpo alegre camina
Porque de ti lleva la ilusión
Ay, como el agua
Como el agua
Como el agua
Ay, como el agua
Ay, como el agua
Como el agua
Ay, como el agua
Y como el agua
Y como el agua
abraham cruzvillegas, 2023