Francisco Tostado
Miedo a volar
Curaduría: Mauricio Marcín
Mayo - julio 2023
A modo de advertencia, hay que comenzar diciendo: el autor de estas obras tiene miedo al volar.
Ese deseo de casi todxs cuando niñxs –que se manifiesta como hecho en el territorio de los sueños– devino miedo.
Los miedos nos rebasan porque nos controlan. La supremacía de la mente y el dominio de la razón se ven vulnerados por una fuerza superior que nos hace impotentes.
Esta transformación del deseo en miedo (y viceversa) habla de la historia de la humanidad. Podemos entenderla –grosso modo– como una lenta y progresiva separación de la naturaleza; ese transcurso nos ha escindido del mundo: vivimos separadxs de ese todo, desenmarcándonos de su continuidad y alejándonos de una posible relación en inmediatez.
Las imágenes que Paco Tostado presenta, afrontan la posibilidad de una convivencia de dos sensaciones contradictorias.
Cada obra ofrece la concentración de intensidad de un instante, o mejor dicho, cada objeto es una variación de un momento epifánico, de esos que marcan la vida: cuando unx cierra los ojos y descubre, o siente, por primera vez el miedo, o ese segundo en que otrx cuerpx entra en nuestrx cuerpx, o cuando cobramos conciencia de la muerte, o se nos revela el dolor, el amor, la enfermedad, las lágrimas, el erotismo.
Esos momentos nos constituyen y nos transforman y la intensidad que cargan nos hace, las más de las veces, vivir dándoles la espalda. En nuestra cabeza, en el magnífico teatro de nuestros pensamientos, unas elegantes cortinas rojas cubren nuestros miedos para permitirnos vivir. ¡Sería insoportable transitar esta existencia atermorizadxs, como almas errantes, en pena! Las cortinas son el mecanismo de defensa que nuestros corazones inventaron para no sucumbir ante el horror.
En las obras que Paco exhibe, prevalece una anomalía: horror y belleza se unen, conviven a veces en armonía y otras en tensión. Los paisajes, horribles, del Antropoceno (formalmente las macroformas humanas se asemejan a las maneras en las que los cánceres crecen en los cuerpxs) se contrastan con plastas de colores vibrantes, hermosos y luminosos.
La amalgama espacial y temporal de lo horrible con lo bello produce un espacio de posibilidad: una coexistencia simultánea del deseo y el miedo que nos acerca al éxtasis.
Solemos obviar el poder que tienen los colores sobre nuestras subjetividades; incesantemente estamos influidxs (manipuladxs) por la luz. Pensemos por un instante en la perpetua cantidad de luz que arrojan hacia nuestros ojos los telefonitos celulares. El refinadísimo capitalismo nos ha convertido en junkies de la luz. Salen lxs más adiestradxs publicistas, al igual que mis amigxs neo-hippies, que somos seres de luz.
Pensemos en la estrecha relación que existe entre la sexualidad voluptuosa de lxs cuerpxs que habitan las cosas y la cantidad de sol que las domina en los trópicos. Contaremos esxs cuerpxs con otrxs que viven el invierno de Helsinki, o el de Düsseldorf, en donde nunca se asoma un rayo. Por algo brota de algún lugar la bossa nova, y en otro, el techno de Kraftwerk.
Paco Tostado sabe (y manipula como demiurgo) de ese potencial lumínico, y del amplio espectro que ofrece como herramienta; la usa en sus obras que inducir emociones ambiguas tan inmediatas que no alcanza a ser mediados por nuestras mentes: nos devuelve momentáneamente a la animalidad, a un estado primitivo.
Mauricio Marcin