Breve irrupción de la escena cordobesa
en la Ciudad de México

Ramito de violetas

Curaduría: Florencia Magaril 19 - 27 de agosto 2025

Córdoba, ubicada en el corazón geográfico de Argentina, ha sido históricamente una ciudad de pensamiento crítico, agitación cultural y con una práctica artística marcada por la autonomía y la experimentación. Lejos de los grandes centros de poder económicos y simbólicos del arte global, Córdoba ha cultivado una escena singular, alimentada por la fricción entre la tradición académica (hoy en riesgo por las políticas neoliberales y de ultraderecha que azotan a la Argentina) y las pulsiones contemporáneas que atraviesan las prácticas artísticas.
Esta exposición reúne a un ramito de artistas que viven, trabajan y producen en esa ciudad, y que desde distintos lenguajes y materiales reflejan un ecosistema artístico en ebullición. Sus obras son testimonios de un contexto de producción caracterizado por la colaboración, la amistad, la autogestión y el cruce entre disciplinas. La precariedad de los recursos con los que solemos contar, lejos de ser un límite, muchas veces ha impulsado modos alternativos de hacer, pensar y circular el arte. Y los espacios independientes, los talleres colectivos y los circuitos informales cumplen un papel fundamental, funcionando muchas veces como laboratorios de ideas en los que se experimentan nuevas formas de producción y reflexión.
Como en la canción que la titula, esta muestra apuesta por lo que no se dice del todo, por esa pequeña irrupción que, sin alardes, cambia el clima del día. Pienso en esta exposición como una visita breve, con flores –como debe ser–, para dejar sobre la mesa de la escena local un gesto inesperado: el arte cordobés como carta de amor anónima, sin remitente claro, pero con perfume inconfundible.
Córdoba es un centro en sí mismo, con una voz potente y en construcción permanente. En sus producciones artísticas se gestan imaginarios en los que lo político, lo poético y lo cotidiano se entrelazan. Los artistas aquí reunidos traen a la Ciudad de México no sólo sus obras, sino también las preguntas y los desafíos de una escena preciosa y valiosa.
Este puñado de artistas viaja como un ramo: diverso, vibrante, cuidadosamente desordenado. Cada obra trae consigo un pedazo del paisaje cordobés y lo muestra en el terreno fértil de otra ciudad. Irrumpe con suavidad, como quien entra bailando a una conversación seria, y deja, sin quererlo del todo, una huella en la memoria del lugar.

Florencia Magaril

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