Daniel Goldin

Tejidos sin telar

Curaduría: Aleida Pardo
Septiembre - octubre 2024

Al menos desde los 24 años, cuando sufrí un grave accidente automovilístico, tengo una conciencia muy desarrollada de mi cuerpo. Me ha tocado sufrirlo y gozarlo, experimentar cómo lentamente se resarce o deteriora, también observar cómo se registran estos procesos desde diferentes perspectivas: rayos X, tomografías, ecografías…

 

Sé que soy un conjunto de tejidos en constante mutación. Con el paso del tiempo he ido comprendiendo que la vida se genera así: formando tejidos. 

Los tejidos vinculan a lo diverso. También muestran que la impermanencia es una manera de insistir y prosperar.

 

Pero no resulta claro qué es lo que progresa cuando se forma un tejido. Un ente se diluye y, al cabo de un tiempo, aparece otro. Cada uno es, en realidad, un conjunto mutable. Integración y desintegración se (con)funden.

Desde esa perspectiva no sólo el sujeto pierde relevancia.También las fronteras entre vida y muerte.

 

Las obras de esta exposición deliberadamente dejan en la ambigüedad si se trata de tejidos micro o macro; vegetales, animales o minerales. Invitan a cobrar conciencia de que somos parte de una realidad mutable. Por eso aspiran a prolongarse fuera de los límites que les imponen los bastidores. 

 

Tangencialmente, a través de ellas, hago una revaloración del trabajo de las y los tejedoras y tejedores. Sin embargo, asumo una perspectiva más amplia: Los tejidos son previos al telar. Anteceden a la cultura e incluso al ser humano. 

 

Al crear mis obras (me) propongo contemplar  la naturaleza y asumirme parte de ella. Vulnerar fronteras. Explorar intuiciones y (auto)percepciones. 

 

Son una apuesta por vivir la vida con los ojos abiertos. Sea cual sea el futuro de los seres humanos, la secreta labor que anima la formación de tejidos proseguirá. Pintar estos cuadros es una manera de celebrar esa labor que anuncia paradójicamente nuestra propia disolución.

 

Daniel Goldin

Septiembre 2024

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